DE ZAFIRO Y ACERO. Autora: Valkyria. CAPITULO 3 El jeep negro era guiado hacia el Regency Hotel, ubicado en el número 540 de Park Av. Su cita, en la habitación 250, era a las 11 AM.Mientras conducía, no podía evitar sonreír de vez en cuando al recordar la despedida de esa mañana entre Amanda y ella. En el umbral, se dieron el último beso, ése que le dejaría un sabor a amor, a felicidad, a deseo e impaciencia por la llegada del próximo. Se sentía inmensamente contenta por las palabras de la joven rubia quien, ante la despedida, dejó bien en claro que deseaba verla otra vez, ese mismo día. Un velo de frustración cubrió su rostro al pensar en que no podía hacer planes para esa noche mientras la entrevista a la que iba no se desarrollara. De ello dependerían sus movimientos, sus citas y el tiempo al lado de Amanda durante los meses siguientes. No hubo compromisos entre las dos. De hecho, ni siquiera hablaron de una relación. Pero Rohán deseaba tener algo permanente con ella, pues de sobra sabía que su pequeña rubia no era chica de un momento. Amanda se había retirado a su casa muy temprano después de pasar la noche en brazos de ella y sin pronunciar palabra después de la conversación sobre el misterioso trabajo de la ex-convicta, pero aquel "quiero verte esta noche" le sugería muchas cosas: hablar en serio sobre su relación, simplemente pretender conocerse antes de formalizar algo... "¡ Ja! Formalizar algo. ¿Cuándo en tu vida, Rohán , te imaginaste algo así?". ¿Estaría preparada, ella, para una relación gay, con una ex-convicta odiada por su padre? ¿Podría soportar lo que sobreviniera? ¿Sería capaz de escalar esas montañas por ella? Llegó al hotel a la hora indicada. Un muchacho tomó su lugar en el Jeep y fue a aparcárselo mientras ella, con paso seguro, se introducía en el lujoso lobby. Como era su costumbre, vestía unos vaqueros gastados, botas negras, una blusa suéter color rojo y su inseparable chamarra de cuero negra. Los lentes oscuros privaron a todos los usuarios y visitantes del edificio del placer de sus centellantes ojos azules. Subió por el elevador, impasible, relajada. Era la primera vez que se entrevistaba con el Coronel Perot desde que salió de prisión, sin embargo, éste le había dado algunas instrucciones previas sobre cómo se pondrían en contacto. Finalmente, ahí estaba, frente a la habitación 250. Llamó y una persona muy conocida le dio la bienvenida. Diego Santiago la condujo hasta el Coronel que, después de un caluroso saludo, que incluyó un fuerte abrazo, la invitó a sentarse. La pequeña pero confortable sala de la habitación logró que Rohán se sintiera en confianza. Había vino servido y algunas botanas, lo que mostraba que ahora él la consideraba como un igual. Esto la emocionó, como lo hizo aquella ocasión en que el militar, aún sin tener un por qué, la visitó en el cuarto a donde la condujeron después de la primera pelea. Parecía que fuera ayer... |
Cinco años atrás.
Guiada por cuatro hombres y con esposas en las muñecas, caminaba por un oscuro y largo pasillo que los llevó hasta unas escaleras, que a su vez conducían a un viejo sótano. Bajaron sin prisa. Ella escuchó el murmullo de lo que parecían voces, muchas voces en una habitación cercana. La introdujeron en el cuarto en el que sólo había una silla de madera y en el suelo un pequeño maletín café. Los hombres la liberaron de las esposas, salieron y cerraron con llave, sólo después de ordenarle que se preparara. Rohán se desnudó. Sacó del maletín una cajita de metal que contenía una especie de pomada, también sacó un termo, unas bolsitas de algún té y una taza. Mientras el polvito se cocía en el agua caliente, ella untó parte del ungüento en todo su cuerpo, despacio y minuciosamente. Después bebió del té toda la taza, se vistió con unas ligeras ropas negras y esperó de pie a que llegaran por ella. Era una habitación realmente grande. Muchas personas, tanto hombres como mujeres, viejos y jóvenes, yacían sentados en desorden alrededor de una especie de Rin de boxeo, pero cercado con una maya metálica. Todos parecían despreocupados, algunos fumaban, otros bebían, conversaban, mientras el inicio de la última pelea de tres llegaba. Había manchas de sangre en el suelo del cuadrilátero, huella de las luchas anteriores y que un par de desafortunados tipos dejaron sin pretenderlo. El anuncio de que estaba por empezar el último y más atrayente combate de la noche captó la atención de todos. El nuevo campeón del Coronel Perot haría su aparición esa noche y todos estaban a la expectativa, incluyendo al propio militar. Le divertía la idea de que una mujer, y no un hombre, apareciera por aquella puerta y deseaba ver la cara de todos ante el hecho. El primer contrincante entró en la especie de celda ante los vítores de algunos y la rechifla de otros. Era un hombre de aspecto duro, fuerte. Su mirada era helada. Iba descalzo y solo vestía un pantalón. La desnudez de su tronco mostraba la musculatura desarrollada y una calavera tatuada en el brazo derecho. Se movía inquieto alrededor del pequeño espacio en espera de su retador. Del bullicio ensordecedor todos pasaron a un abrupto silencio. Una figura extraña entraba hacia el Rin. Todos sin excepción tenían sus bocas abiertas. El Coronel sonreía satisfecho, era lo que esperaba. Rohan vestía totalmente de negro, iba descalza y su camisa permitía ver sus brazos al desnudo que, aunque un poco musculosos, no se comparaban con los robles del hombre que le esperaba. El público esperaba todo menos a una mujer para luchar con semejante tipo. El silencio se rompió ante las carcajadas de la mayoría, quienes no vieron nada malo en que, para terminar la velada, les dieran un espectáculo circense. La alta morena hizo caso omiso de las risas del auditorio, estaba totalmente concentrada en lo que tenía que hacer. El luchador vociferó molesto, por esta burla, según él, que era luchar contra la mujer. Rohán permanecía imperturbable frente a él; le miraba casi con lástima. La muchedumbre comenzó a azuzarlos para que pelearan. Perot observaba desde su asiento, acariciando su mentón. Estaba un poco nervioso, muy a su pesar, pero es que la Dukakkis le hacía sentir algo... Un grito y un rápido movimiento por parte del hombre logró que todos callaran de repente. Un puñetazo lanzado con contundencia al rostro de Rohán heló la sangre de medio mundo. Algunos cerraron sus ojos imaginando que las deliciosas y perfectas líneas de esa cara estuviesen, ahora, desencajadas. Rohán aún permanecía en su sitio, como una estatua de mármol. El luchador le miró sorprendido, vio su puño y sacudió su cabeza. Los espectadores murmuraban sobre qué suerte de movimiento o reflejos eran los que tenía esta mujer para evadir el puñetazo certero. En el salón ya sólo se oía el respirar nervioso de la multitud. Una nueva embestida. La morena se lanzó cual felino al suelo, rodó por éste y velozmente se incorporó justo tras el hombre, quien sin tiempo de volverse, recibió una patada a la altura de los riñones. El dolor fue agudo, su rostro contraído lo mostró y calló de rodillas. Aún aturdido y de hinojos, trató de voltearse, sólo para recibir otro puntapié en el rostro. Esto, finalmente, le hizo estrellarse contra el suelo... inerte. Todos estaban paralizados. Más de la mitad de los concurrentes se pusieron de pie, otros se quedaron a medio camino y la sorpresa en sus ojos mostraba la incredulidad ante la escena que acaban de presenciar: En tan sólo unos cuantos segundos, con una rapidez impresionante, casi increíble, la mujer venció al contrincante tan sólo con un par de golpes y ella no había recibido ni uno. Perot , estaba extasiado. El anunciador entró al cuadrilátero e informó que la pelea había finalizado. Aunque Rohán no esperaba esto, todos comenzaron a aplaudir su hazaña; pero ella, indiferente ante la muestra de aprobación, se acercó al hombre que aún se lamentaba en el suelo. Tomó su mano y acercándose al oído le dijo: "Lo siento. Te vas a poner bien. Sólo dolerá un par de días". La calidez de sus palabras y apretón de manos, dejaron aún más confundido al pobre tipo, pero interiormente se sintió conmovido de que quien le derrotara tuviera semejante honor. Ella salió rumbo a la habitación, siempre seguida de los cuatro matones. Se vistió, de nuevo, con el uniforme de la prisión y esperó a ser llevada de vuelta. Unos minutos después, apareció en el cuarto el Coronel Perot . Ella esperaba sentada. Cuando él entró se puso de pie en posición de firme, el militar sonrió complacido, una vez más. En realidad ella era un civil y no tenía la obligación de hacer tal reverencia, pero esto le mostraba al soldado cierta humildad de su parte. – Me has dejado anonadado esta noche– dijo, con media sonrisa–. Realmente no lo esperaba. Eres grande, Dukakkis . Ese hombre ha vencido a decenas de luchadores, incluso se creía mejor que ellos, y vienes tú, ahora, con un par de golpes y movimientos rápidos a dejarlo en completo ridículo– a este punto el militar reía a carcajadas–. Y lo más... ja ja ja... sorprendente es que... ja ja ja ... ¡Eres mujer!– Después de un largo momento de diversión, ante el que la morena sólo sonrió, Perot tomó un profundo sorbo de aire para continuar–. De acuerdo, ya cumpliste tu parte del trato, ahora me toca a mí– él vio como una ardiente llama iluminó los zafiros de la joven–. Escúchame bien: estás en prisión por delitos muy serios y a penas llevas cinco años de una larga condena. No será fácil sacarte, el proceso puede durar unos años más. Me gusta hacer las cosas bien y no dejar rastros de mis operaciones, por algo estoy en donde estoy– caminaba de un lado a otro como quien está frente a un batallón. Tal vez eso le parecía aquella mujer–. Pero te doy mi palabra de honor de que saldrás en libertad lo más pronto que sea posible. Por otro lado, recibirás tu paga tal y como lo pediste: el cincuenta por ciento de las apuestas. Después de verte pelear no tengo problemas con ese respecto. Abriré una cuenta bancaria a nombre de un individuo ficticio y te informaré pronto en qué banco. Rohán no había pronunciado palabra. El Coronel se disponía a salir cuando algo le hizo volverse de nuevo hacia ella. – Hacía tiempo que no me sentía tan orgulloso de alguien como lo estoy ahora de ti... Me recuerdas a mi hijo, ¿sabes?– un impulso irrefrenable le arrastró hasta ella. La abrazó fuertemente–. No te metas en problemas en la cárcel. Ese es todo tu trabajo... Ah, y seguir ganando peleas…– le dio un par de palmadas en la mejilla, sonrió y se fue. – Gracias, señor– dijo ella. La mujer morena se sentía extraña ante el despliegue sentimental de aquel hombre, pero en alguna medida le satisfacía que, al menos alguien, le tuviera y le mostrara respeto genuino en su vida. – Envíame una copia completa del expediente de ella– ordenó a Santiago–. He decidido ayudarle. – Como usted mande, Coronel. – ¡Ah!... y no la esposes, no intentará escapar. Desea demasiado vivir libre. Y... otra cosa... Anótate un par de puntos, muchacho, lo has hecho bien– palmeó el hombro del Alcaide –. A ti también te ayudaré a salir de esa pocilga, no te preocupes. "Sí, definitivamente, Rohán Dukakkis logró lo que se proponía", pensó Santiago, mientras ordenaba a los hombres ir por ella con órdenes estrictas de no esposarla. |
Tiempo presente.
Durante una hora la conversación giró en torno a los recuerdos, las luchas y peripecias para organizar los combates clandestinos. Se acabaron el vino y las botanas, pero dieron paso al almuerzo. Éste fue solicitado como servicio de habitación, pues la discreción era esencial dentro de este peligroso juego. El Coronel Perot estuvo interesado en conocer los pormenores de la vida actual de su campeona, lo que le extrañó, pues estaba segura que, desde su salida de la cárcel, estaría siendo vigilada por el militar o por Santiago, quien a la fecha había dejado su cargo como Alcaide de la prisión de mujeres en la que ella estuvo. Ahora era asistente personal de Perot en la CIA. Cuando la ex-convicta salió libre, cinco años después de su primer pelea gracias a las gestiones de su patrocinador, recibió un cheque correspondiente a la cantidad de dinero acumulado como pago y ganancia de las apuestas. Finalmente, el militar creyó que era menos sospechoso hacer esto y no crearle una cuenta bancaria ficticia. Rohán contestó de buen agrado a la interpelación del hombre... "Quizás quien tiene total información sobre mí es Santiago y no él...", pensó . Sin embargo, no quiso hacer comentarios o preguntas que pusiesen incómodos a sus interlocutores. Después de todo, durante los pasados cinco años, no había ocurrido nada que le pareciera sospechoso en todo aquello; pero lo cierto es que ellos tenían que proteger sus intereses y una manera de hacerlo sería estando pendiente de ella. La misma Rohán lo haría, de ser ella quien estuviese en sus zapatos. – Y… ¿Has encontrado, por fin, a alguien con quien compartir tus sueños?– la mirada pícara de Perot , así como su cuestión, tomaron por sorpresa a la morena mujer. – Bueno… la verdad es que…– su celular sonó justo al momento de responder– Aló… ¡Hola, muñequita!…– El Coronel rió por lo bajo mientras le indicaba que podía tomarse su tiempo en contestar la llamada. Ella se alejó unos pasos, pero fue difícil en aquel espacio evitar que su conversación no fuese escuchada, en parte– … Estoy en una reunión […] No sé exactamente […] Como a las dos me parece bien, pero… ¿ya le llamaste? […] Ok , linda, no te preocupes […] Sí… yo también. Un beso. Bye . – Creo que mi pregunta ha sido respondida– replicó el militar dirigiéndose a Diego. – Lamento la interrupción, señor.– se disculpó ella tomando una vez más su asiento frente a ellos. – No tienes porqué. Siempre he considerado como pecado capital hacer esperar a una hermosa mujer… Porque es hermosa, ¿verdad? – Por supuesto, Coronel… Soy su campeona, no lo olvide…– respondió, cruzando un pierna y acomodándose con aire de suficiencia en el sillón, mientras guiñaba un ojo. Todos rieron ante su respuesta. – Esta es mi chica, Santiago– replicó, entre risas. Rohán les refirió algunas cosas sobre Mindy y cómo la había conocido. Los hombres notaron la fulgurante chispa en sus ojos mientras hablaba sobre su nuevo amor. Después de una media hora de suelta conversación, pasaron a lo que realmente les había llevado hasta ahí. – He organizado un nuevo ciclo de combates– intervino Santiago–. Esta vez habrá un premio muy gordo para el ganador. Los contendientes se irán eliminando, ya sabes, como en una competencia normal, hasta llegar a una final en la que se medirán los mejores dos luchadores para coronar al campeón de campeones. A la ex-convicta le extrañó esta nueva modalidad. No había sido así por años, pero sabía que no debía hacer preguntas, cuestionar no era parte de su rol. Santiago continuó. – Tal como lo hicimos ayer, te haremos saber los lugares y las horas de los encuentros. Se realizarán dos cada semana… – Escúchame, Rohán – interrumpió el militar, con tono muy serio. La alta mujer le dedicó toda su atención–: Sé que no puedes mantenerte peleando por mucho tiempo más. Eres realmente hábil y fuerte, pero siempre hay quienes tarde o temprano nos superan, por juventud o por lo que quieras. Sin embargo quiero que te retires como una grande… Ése es el último favor que te pido. Ella asintió con la cabeza. Los ánimos que él le daba hinchaban su orgullo hasta el límite. Siendo honesta consigo misma, reconocía que todo ese peligroso juego le agradaba pues era la única manera de saciar ciertos deseos de violencia y riesgo que su cuerpo y mente aún exigían. La entrevista terminó a la 1:30 PM. Salió casi corriendo hacia la escuela en donde la hermana de Amanda la esperaba, pues, debido a algunas ocupaciones ineludibles, ella no podría hacerlo y necesitaba que alguien más la llevara hasta el bar de su padre … "Bien, estás en la etapa de conceder todo lo que te pida… Recuerda que debes conquistarla, retenerla, hacerte imprescindible", se decía mientras conducía su Jeep.
Llegó a la hora acordada y bajó del auto para que la joven le reconociera fácilmente. No pasó mucho tiempo antes de ser avistada por Cindy que, muy contenta, corrió hasta ella. – ¡Hola, cuñada!– le dio un fuerte beso en la mejilla. Rohán , simplemente se turbó ante tal confianza… ¿¡Cuñada!? – Hola. ¿Cómo estás? – ¡Súper! Gracias por venir. Mindy llamó y me explicó– diciendo esto se subió al carro y comenzó a examinarlo detenidamente … "Me recuerdas a alguien que conozco" pensó la morena sonriendo internamente–. Me alegra que hayas sido tú y no ese aburrido de Peter , la que viniera por mí. – ¿Él no te agrada?– Rohán le miró de soslayo, mientras daba marcha al Jeep. – No. Es cuestión de compatibilidad de caracteres como diría mi hermana– ambas rieron … "Esta chica me cae bien"…–. Por cierto, Mindy platicó conmigo esta mañana sobre vosotras. No te preocupes, soy de mente abierta. Siempre supe que mi hermana no era una chica común, ¿sabes? – ¿Sí? – Yo la admiro mucho. Es muy decidida cuando quiere algo, y capaz de mantenerse en sus convicciones contra todo y contra todos; pero en el amor siempre ha tenido problemas… ¡Claro!… buscaba mal…je je je … Rohán se sintió feliz de que al menos alguien en la familia la apreciara.
Esa misma tarde, la alta mujer estuvo intentando contactar a Amanda, pero no estaba en la fundación, no contestaba su teléfono móvil y su madre le informó que tampoco estaba en casa. La preocupación le tuvo dando vueltas por el apartamento hasta que la rubita se comunicó con ella. Después de la disculpa le informó que estaría con ella esa noche y que le daría una sorpresa. Rohán preparó un ambiente muy romántico para el anunciado encuentro. Velas, música suave y comida a domicilio, sólo para no arruinar la velada con su mala sazón. Amanda llegó puntual. Rohán le abrió la puerta y se la encontró con la hermosa sonrisa a la que la tenía acostumbrada y… ¡¿Un par de maletas?! – ¿Vamos a pasar aquí toda la noche?– preguntó la pequeña rubia ante el extraño comportamiento de Rohán , quien no salía de su inquietud. – ¡Lo siento!– dijo sacudiendo su cabeza– Pasa, por favor… Amanda tomó sus maletas y entró con una evidente alegría, emoción que creció aún más al encontrarse con la escena románticamente preparada. – Esta realmente será una noche especial– le dijo, mientras, dejando su equipaje en el suelo, la abrazaba y besaba en la boca. Pero ella a penas le correspondió– ¡Uy ! ¿Por qué tan seria?– su pequeña nariz rozaba delicadamente la de Rohán . – ¿Qué significan las maletas?– apartó con fuerza a la chica de su lado. Su tono fue agrio y la mirada reflejaba molestia. La actitud de su amiga desconcertó a Mindy . En el pasado se había portado así de fría y distante con ella, pero ¿ahora? Trató de no darle mucha importancia y tomando sus manos comenzó a expresar lo que sentía. – Anoche... o mejor dicho esta madrugada no pude dormir así que, mientras lo hacías tú, medité mucho y profundamente, y tomé una decisión: Quiero estar contigo. Quiero ser tu amiga, tu compañera, tu amante, porque te amo y en este momento es todo lo que me importa– en su voz había calidez y seguridad–. Por eso hoy... – ¡Estás loca! ¿Por qué tomaste una decisión semejante sin decirme nada?– su cariz se tornó aún más molesto, pero la rubia trató de continuar tranquila. – No–estoy–loca. Te lo estoy diciendo ahora. Y si tomé esta decisión es porque se trata de mi vida, Rohán . Escucha, desde que tengo uso de razón me la he pasado... . Amanda comenzó a explicar sus razones para decidir irse de casa, sin embargo la alta mujer no la escuchaba. Su mente era una vorágine de temores, de sentimientos inquietantes ante esta repentina situación. Estaba segura del amor que sentía por la mujer rubia, pero de eso a vivir con ella había una gran diferencia. Jamás estuvo con nadie lo suficiente como para decir que tenían una relación y mucho menos para suponer que podían convivir bajo el mismo techo. Deseaba tanto tener algo serio con la chica, pero no estaba preparada para una vida juntas . En realidad pensaba que podían ser pareja sin tener que comprometerse a nada, sin sentirse obligadas a nada. ¿De qué servía eso? A sus padres no les funcionó y, aunque era la primera vez que se enamoraba y esto la hacía sentirse mejor persona y feliz por primera vez, aún creía que mantener un vínculo libre, cada quien en su espacio, era lo mejor. Además estaba el asunto de su "trabajo". Se suponía que eso debía mantenerlo en secreto, incluso por la seguridad de la misma Mindy . Tenerla en casa se lo dificultaría mucho. – Mira, Amanda…– cortó el discurso de la chica sin siquiera haber oído un ápice de lo que le decía– No puedes simplemente entrar aquí diciéndome que quieres estar conmigo y traer tus maletas de un solo golpe– la tomó por los brazos y con entonación de súplica continuó–. Yo no estoy preparada para esto, ¿entiendes? Nunca... – vaciló un momento al pensar en lo que sus palabras pudieran causar en la joven sicóloga, pero se arriesgó– Nunca he estado de acuerdo con esto y... nunca lo he deseado– miraba hacia el suelo. Mindy entrecerró sus ojos y luego echó un vistazo a las maletas que yacían a un lado como testigos silenciosos de las frases más hirientes que jamás escuchó ni esperaba escuchar, y menos de ella. Retrocedió unos pasos, e intentó explicar algo. – Rohán , yo no... – No. Escúchame... Mi vida es demasiado complicada. No está resuelta del todo y lo sabes... – A mí eso no me importa, pero deja que te... – ¡Vuelve a tu casa, maldita sea!... Tratemos de seguir como íbamos. ¿No puede ser simplemente así? – Para mí, no. Ya no hay vuelta atrás. Todo cambió cuando llegaste a mi vida. Supe entonces que mi camino debía seguir por otra ruta y lo he aceptado y ¡quiero seguir en él!... – se dio la media vuelta, cogió sus dos maletas y se encaminó hacia la puerta. Rohán seguía de espaldas a ella sin saber qué hacer– Te amo, mi princesa griega– fue lo último que dijo y se marchó. Un escalofrío recorrió su morena piel al escuchar esas palabras. Las velas aún encendidas y la suave canción que en una dulce voz decía: "... you ... light up my life", llenaban aquel espacio que una vez más quedaba vació, que una vez más quedaba sin ella. |
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